2007/03/22

e n l a o r i l l a

Apago la luz y salgo del lavabo. Un silencio húmedo y pesado se cierne sobre la casa. Susurros de gente que no existe, el hálito de los muertos. Miro a mi alrededor, me detengo, respiro hondo. Las agujas del reloj marcan las tres de la tarde. Las dos agujas están cargadas de una cruel indiferencia. Bajo su aparente imparcialidad, no están de mi lado. Ha llegado el momento de dejar atrás este lugar. Tomo la pequeña mochila en la mano, me la cargo al hombro. Lo había ensayado muchas veces, pero jamás me había parecido tan pesada.